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Día 1. Llegada a Nueva York y primer paseo por la ciudad

Escrito por octubre 11, 2018 octubre 12th, 2018 Ningún comentario

¡Y por fin aterrizamos en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy! Atrás dejábamos más de quince horas entre el viaje en coche, los controles en el aeropuerto y el vuelo. Se hizo larga la espera, pero ya no se trataba de un sueño, era real: ¡estábamos en Nueva York!

No obstante, aún nos quedaba camino por delante hasta ver la Gran Manzana: dejar nuestras huellas dactilares a la policía del Control de Inmigración, recoger las maletas y subirnos al Airtrain para llegar a Manhattan. Este proceso impone más de lo que luego es, pero hasta una hora y media después no pudimos tocar suelo neoyorkino.

Una vez salimos del metro nos quedamos con la boca abierta. Las luces, los rascacielos, el claxon de los coches… nos dieron la bienvenida a la ciudad que nunca duerme. No nos lo podíamos creer. La habíamos visto en cientos de películas y series, nos apasionaba su grandeza, pero ya no se encontraba detrás de la pantalla, sino que nosotros estábamos en ese escenario. Es difícil de explicar lo que sentimos en ese primer momento.

Pero no había tiempo que perder. Queríamos llegar pronto al hotel para dejar las maletas y poder darnos nuestro primer paseo por Times Square, el centro del mundo. De la estación de metro a nuestro hotel (DoubleTree by Hilton Hotel New York Times Square West) apenas había 8 minutos andando, así que los metros que nos separaban hasta él los recorrimos a paso ligero, aunque disfrutando de las increíbles alturas de los edificios y del bullicio de la gente a nuestro alrededor.

En el hotel nos recibieron con una botella de agua y una deliciosa cookie que nos dejamos para el desayuno del día siguiente. Nuestra habitación, situada en la planta 27ª, tenía unas hermosas vistas de la ciudad, ya anochecida, pero no era momento de observarlas, teníamos un plan mejor. Dejamos las maletas en una esquina y bajamos rápidamente por el ascensor para volver a la calle, a las largas avenidas que caracterizan a esta ciudad.

Pusimos rumbo a Times Square, inconfundible por sus carteles luminosos, por su escalinata roja, por el gentío que allí se concentra. Estuvimos poco tiempo, el que nos permitió nuestro cansancio, pero el suficiente para confirmar que no estábamos soñando y que a partir de ese día comenzaba nuestra aventura por Nueva York.

De vuelta al hotel paramos en el típico local donde venden pizzas a 99 centavos. La porción de queso nos supo a gloria, pues llevábamos varias horas sin comer nada, aunque a los días descubrimos pizzerías mejores por el mismo precio. Ya en el hotel repasamos las actividades programadas para el día siguiente y nos quedamos dormidos con la misma sonrisa en la cara que se les queda a los niños cuando saben que esa noche llegará Papá Noel.

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