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Día 5. Camino hacia Tanzania – Noche en Lukuba Island

Escrito por septiembre 30, 2019 Ningún comentario

Nos levantamos poco antes de las cinco de la mañana para desayunar algo rápido y salir pronto rumbo a la frontera con Tanzania. Antes de marcharnos, nos asomamos al río Mara, que cruzaba justo al lado de donde se instalaron nuestras tiendas para hacer la acampada salvaje, ya que no lo habíamos podido disfrutar por las fuertes lluvias del día anterior. Muy cerca se encontraba una familia de hipopótamos, los cuales estuvimos escuchando toda la noche.Nos trasladamos en jeep hasta que nos volvió a recoger el camión de los primeros días (el camión 4×4 con el que habíamos realizado el safari por el Masái Mara seguía aún atrapado en el barro) y durante el camino pudimos observar bien de cerca una pareja de leones y a varios elefantes, sin olvidarnos de los miles de ñus que pueblan la reserva natural.Ya en la frontera, realizamos los trámites necesarios para cruzar el país y cambiamos algo de dinero a chelines tanzanos. Fue en este puesto fronterizo donde tuvimos que enseñar la cartilla de vacunación internacional (de color amarillo) para que comprobaran que nos habíamos puesto en España la vacuna de la fiebre amarilla, y también nos tomaron la temperatura. Sin problemas, cruzamos la frontera y nos dirigimos hacia Kinesi, desde donde cogeríamos el Royal Tilapia, el típico barco de pescadores del lago Victoria, que nos llevaría a la isla privada de Ratpanat en este idílico entorno: Lukuba Island. 

Conforme nos íbamos acercando (el trayecto duró aproximadamente una hora), ya íbamos sintiendo que nos adentrábamos en un auténtico paraíso. Miraras donde miraras solo se veían pequeñas islitas de rocas (kopjes) llenas de vegetación y habitadas por múltiples variedades de pájaros. Acercándonos a la orilla de nuestra isla, pudimos ver cómo nos empezaban a saludar todos los trabajadores del Lukuba Island Lodge, quienes, con la mejor de sus sonrisas, nos abrazaron al bajar de la embarcación y nos ofrecieron un delicioso zumo de mango para calmar la sed. Desde una pequeña terraza que se ubica a las puertas del único restaurante que se encuentra en la isla, pudimos ver el mejor atardecer del viaje hasta la fecha. Los días anteriores nos había llovido mucho justo al acercarse este momento del día, pero esa tarde el tiempo nos dio una tregua, merecidísima después de lo que habíamos vivido el día anterior. Esta panorámica, junto con las vistas de los lodges que nos esperaban, nos hicieron olvidar todo lo malo y que simplemente pensáramos en dar gracias por estar ahí.

Poco a poco nos fueron asignando las cabañas y, antes de cenar, pudimos darnos una buena ducha y descansar un rato después de las numerosas horas de camión que nos pegamos ese día. Dos horas después, sobre las 20.30 horas, nos reunimos con los compañeros y cenamos sopa, perca del nilo y verduras, y de postre, plátano frito.

Estábamos reventados y, por eso, nos fuimos pronto a dormir, aunque también para disfrutar de una cama cómoda, ya que el día anterior habíamos dormido en una hamaca bastante rígida. Esto era un verdadero paraíso y había que aprovecharlo todo lo que pudiéramos, así que eso fue exactamente lo que hicimos. 

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