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Día 1. Jambo, Kenia!

Escrito por septiembre 3, 2019 Ningún comentario

Realizar un safari por la sabana africana era un sueño que teníamos desde hace años y hasta que no llegamos a Nairobi no fuimos plenamente conscientes de que en pocas horas nuestro sueño se haría realidad y que nos convertiríamos en testigos del “gran ciclo de la vida” (sirviéndonos del lema de El Rey León).

Nuestro avión salió a las 21.50 horas del día anterior desde Madrid y tuvimos que hacer una escala de dos horas en Addis Abeba (Etiopía) antes de llegar a Nairobi. Sobre las 10.30 aterrizamos en la capital keniata donde nos esperaba la guía de Ratpanat que nos acompañaría durante todo el viaje. A la salida del aeropuerto nos encontramos varios puestecillos que vendían tarjetas SIM, pero nosotros nos dirigimos sin pensarlo al de Safaricom pues, buscando información por internet, esta compañía era la que más recomendaban los viajeros. Compramos una tarjeta y a continuación pasamos por una casa de cambio para cambiar 50€ a chelín keniano (unos 5.700) -aunque llevábamos dólares, la guía nos recomendó cambiar dinero dado que en muchas tiendas solo aceptan moneda local-.

Una vez que el grupo se completó y nos presentamos (veníamos de diferentes puntos de España), la guía nos llevó hacia una parada en la que nos recogió el camión que sería nuestro medio de transporte y, casi nuestro hogar, durante los 10 días de duración del safari.

De camino hacia nuestro primer destino, Naivasha, que estaba a unas cuatro horas, paramos en un supermercado para comprar algunas bebidas, patatas, galletas y frutos secos. Como hasta las 16.00 horas no llegaríamos a nuestro primer alojamiento, Sanctuary Farm, nuestro asistente Christopher nos repartió un picnic, compuesto por un trozo de pollo asado, medio sándwich, un botellín de agua, un danone, una manzana y una chocolatina, el cual comimos en el propio camión.

Antes de llegar a Sanctuary Farm, lugar idílico rodeado de cebras, impalas y jirafas, pudimos empezar a disfrutar -gracias a la maravillosa perspectiva que ofrece el camión- de la naturaleza en mayúsculas, de paisajes muy verdes habitados por diferentes comunidades africanas que a nuestro paso dejaban aparcados sus menesteres para saludarnos. Estas primeras horas por África ya consiguieron emocionarnos y que nos diéramos cuenta de que nos encontrábamos en un mundo diferente donde lo material no importa en absoluto; tan solo hay que dar gracias a la vida por existir.Una vez que nos bajamos del camión, empezamos a recorrer la granja hoy convertida en hotel donde pasaríamos nuestra primera noche. Nos entregaron la llave de nuestra habitación, con vistas al lago Naivasha, y, después de dejar las mochilas, comenzamos la primera actividad del viaje: un paseo a caballo (30′ – 15 dólares por persona). Era la primera vez que nos subíamos a un caballo y debemos confesar que nos impresionó mucho. Al principio costó coger el equilibrio y “dominar” al animal, pero al final lo conseguimos y fue una experiencia muy bonita que nos ofreció otra perspectiva más del lugar en el que nos hospedamos.Después de la excursión nos duchamos y dimos un pequeño paseo por los alrededores en el que pudimos ver muy de cerca a monos cercopitecos y a nuestras primeras cebras, jirafas y ñus.A las 20.00 horas cenamos una deliciosa sopa de calabaza y perca del nilo con patatas, y nos acostamos muy prontito, antes de las 22.00, porque al día siguiente llegaba el primer madrugón (había que levantarse a las cinco de la mañana) para dar un paseo en barca por el lago Naivasha al amanecer.

Lala salama!

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