España

Día 7. Descenso del Sella – Cangas de Onís

Escrito por septiembre 30, 2020Ningún comentario

Para sorpresa nuestra, nos levantamos sin apenas agujetas del día anterior, día en el que realizamos la ruta del Cares, y después de desayunar nos preparamos para la actividad que teníamos programada: el descenso por el río Sella. Como hasta las 10:00 horas no teníamos que estar en las instalaciones de Jaire Aventura (en Arriondas), empresa con la que contactamos para hacerlo, quisimos aprovechar que el Mirador del Fitu se encontraba bastante cerca para disfrutar de la panorámica de 360 grados de Asturias que se puede tener desde allí si el día está despejado. Pese a que nosotros no tuvimos demasiada suerte (a nuestra llegada empezó a entrar un banco de niebla), nos encantó subirnos a esta estructura que se eleva sobre el paisaje asturiano y se queda suspendida en el aire para que nada interrumpa la visión. Disfrutamos mucho de lo que pudimos ver de la Sierra del Sueve y de la zona en general, ya que justo cuando llegamos nos encontramos con unas vacas pastando y fue increíble.

Muy puntuales llegamos a Jaire Aventura y pronto comenzaron a darnos el material: los remos, los chalecos salvavidas, un bidón estanco y un par de mascarillas quirúrgicas, debido a la situación en la que nos encontramos. 10 minutos antes de comenzar la actividad (10:50 horas) tuvimos un pequeño briefing donde nos explicaron particularidades del recorrido (un total de 15 km desde Arriondas a Llovio), las salidas disponibles durante el descenso (7, 10 o 15 km), la existencia de chiringuitos a lo largo del primer tramo, así como los servicios de recogida en autobús.

A las 11:00 nos dirigimos hacia la salida y los monitores comenzaron a llamarnos para repartirnos en las canoas y salir de forma ordenada. Casi sin darnos cuenta ya estábamos subidos en nuestra canoa, remando por el río Sella y sorteando las decenas de rápidos que hay por el camino. Bueno, y también intentando salir de los tramos de escasa profundidad de agua en los que encallamos, que no fueron pocos. Seguro que de esto nadie os habla 😛

Aunque llevábamos almuerzo, en el kilómetro 7 paramos en el último chiringuito que hay a lo largo de toda la ruta para descansar un poco y así ver la otra cara del descenso. La verdad es que nos encantó el ambiente, a pesar de ser extraño por estar todos con mascarilla y las mesas bastante separadas guardando la distancia de seguridad. Si hacéis esta actividad, tenéis que parar sí o sí en este bar porque preparan unos bocadillos calientes de lomo adobado con queso deliciosos y, además, ponen buena música que os servirá para reponer fuerzas y terminar más animados el descenso.

Sin tiempo que perder, volvimos a nuestra canoa y seguimos remando hasta completar el descenso entero (los 15 km). En total, tardamos poco más de 3 horas y media y no os mentimos si os decimos que todo el mundo puede hacerlo sin ninguna dificultad. ¡Es superdivertido!

Al bajarnos de la canoa ya vimos al conductor del autobús esperándonos para llevarnos de vuelta a las instalaciones, donde dejamos aparcado nuestro coche, cosa que agradecimos. Aunque se preveía lluvia durante la mañana, el tiempo nos respetó y se puso a llover justo cuando subimos al autobús. ¡Menos mal!

Ya de vuelta en Jaire, nos cambiamos y regresamos a nuestro hotel de Dego, donde descansamos un poco ya que queríamos aprovechar la tarde y dar un paseo no solo por los alrededores del hotel, sino también por Cangas de Onís. Ojalá hubiéramos tenido más tiempo para quedarnos aquí y disfrutar con tranquilidad de este hermoso lugar y, por qué no, darnos un baño en su piscina al aire libre. No sabemos cuándo, pero tenemos claro que volveremos. Dego y Cangas se ven rápido, pero nos quedamos con las ganas de saborearlos más.

El sitio para cenar estaba más que pensado desde que empezamos a preparar este viaje pues unos amigos expertos en Asturias nos hablaron de una sidrería ubicada en Cangas y que tenía una excelente relación calidad-precio. Por la tarde fuimos a La caldera a reservar mesa, ya que por el covid-19 el aforo estaba más limitado (solo disponían de 4 mesas) y también se encuentra posicionada en el número 1 de Tripadvisor, por lo que todo el mundo quiere ir allí. Tuvimos suerte y nos dieron mesa para las 22.00 horas. Mientras, seguimos paseando por Cangas de Onís y vimos, entre otras cosas, el Puente Romano sobre el río Sella, construido bajo el reinado de Alfonso XI, y la iglesia de la Asunción, frente a la cual se encuentra la estatua de don Pelayo.

Una vez sentados en La caldera, nos dejamos aconsejar por Pepe, el dueño de la sidrería, un hombre muy campechano y simpatiquísimo, y finalmente pedimos una ración de queso de oveja y cecina, croquetas de jamón y de cabrales, tortos con lacón y salsa de cabrales, y de postre un flan de queso y un flan de natillas. En resumen, ¡cenamos como si no hubiéramos comido en toda la semana! ¡Y qué bueno estuvo todo!

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